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Cartas

Carta Abierta Córdoba /4

Al comienzo de independencia

Aquí presentes, hombres y mujeres con corazón. Corazón que se reconoce en el latido solidario hacia otros semejantes, corazón desplegado sobre el tiempo de la patria que parece volver a incorporarse, que parece volver a nombrarse luego de años de ser relegada al rol de alguna conquista deportiva. Porque éste fue el legado de quienes prometieron una Argentina derecha y humana, mientras sacrificaban por encargo del imperio a nuestros mejores jóvenes. Moribunda la patria, creyó necesariamente posible la fantasía de entrar al llamado primer mundo a costa de escandalosos índices de desocupación, miseria y corrupción. Nuestro único reflejo colectivo, casi la única señal de nuestra existencia en la comunidad de naciones del mundo, fue reducido al espacio deportivo. Nuestra bandera se convirtió en una camiseta y no sólo por imposición de un marketing de encerado centro comercial en el que todo parece dispuesto para disimular el pensamiento profundo de la tierra, sino también porque aquellas políticas que se decían redentoras del hombre y las buenas costumbres, trazaron surcos profundos de desigualdades como abismos, donde se hundieron miles de hermanos. No nos quedó otro modo de encontrarnos, que enrolarnos debajo de nuestra camiseta nacional para tener una oportunidad de sentirnos hermanos, para sentir que cada tanto estamos en el mundo y tenemos al menos 90 minutos de destino común.

Aquí presentes, sin pretensión de totalidad ni de palabra única, pero conscientes de representar también las voces de tantos argentinos y argentinas que fueron despojados de sus voces, a medida que los dueños de los medios desplegaban su pegajosa red de lenguas mercenarias. La palabra pueblo ausente porque ausente quisieron todo lo público, todo lo que legítimamente debía ser compartido. Degradaron y denostaron todos los estamentos de lo público: comenzaron con las grandes empresas estatales, siguieron con las escuelas y hospitales, luego apuntaron a todas las representaciones políticas y finalmente, alcanzaron la idea misma de país. Es inabarcable el espectro de esa artillería de ideas que no se cansa de repetir y tomar como modelo de comportamiento a “los países serios”. La degradación permanente de lo argentino apelando a la perversión del show burlesco, reflejada en las crónicas de “viajeros” televisivos narrando las bondades de los inodoros de algún país del “primer mundo”. Así lograron que nuestro pueblo perdiera la confianza en sí mismo. La confianza del encuentro con pares, con iguales del mismo destino. Así, esos pares descalzos que deambulan por todas las edades del hambre, privados de rostros y de las mínimas posesiones necesarias para constituir identidad, son demonizados mal vivientes, feroces portadores de inseguridad que deben ser enviados a fantasmagóricas ciudades de “sueños y cuartetos”, los más lejos posible del centro de la escena pública, por donde suelen transitar las cámaras de los empresarios.

Presentes de cuerpo entero en este corazón de país, que bien sabe del fracaso de las políticas de ajuste para resolver siquiera los problemas más básicos de la sociedad cordobesa. Aquí no solamente se entregó graciosamente el capital acumulado de lo público a la fiesta de los cerdos de peluquín, sino que se despojó de sentido la noción misma de lo colectivo transformando ministerios en agencias. Como si todo pudiera ser comercializado: la cultura, la salud, la educación. Pero claro, las agencias impusieron agendas privadas y donde debió haber solidaridad colectiva, se hicieron negocios; donde pudo crearse trabajo legítimo, se recurrió a la dádiva. Con esta tergiversación del rol del Estado, ya de por sí empobrecido al mismo ritmo que avanzaba la pobreza en miles de cordobeses, ya de por sí menoscabado por los grondonitas locales de pensamiento cuadrado; con este despojo consumado, decimos, salieron a vendernos como corazón del resto del país. ¿Quizás han logrado engañarnos?. Seguramente han tenido la iniciativa, pero si de cuerpo entero declaramos que estamos despiertos, es porque nuestro corazón quiere para nuestra Argentina otro corazón, otra Córdoba. Una Córdoba solidaria, receptora de tantos diversos caminos que transitaron y transitan nuestros compatriotas. Una Córdoba punto de encuentro de la riquísima diversidad de nuestro suelo. Aquí estudió e hizo profesión el doctor jujeño, aquí logró reconocimiento el maestro chaqueño, aquí San Juan llegó antes que la web, el pampeaño puso empresa, Entre Ríos vive aquí añorando su humedad y también lo porteño baila un tango cantaaadito para que nunca podamos olvidar ni ocultar, el dolor y la belleza, de un país ya demasiado grande, para dormirlo con un chupete.

Nuestra identidad cordobesa es además abierta y perceptiva. Premiamos el ingenio, la ocurrencia y el humor chispeante, pero nos declaramos advertidos de bajitos chisposos que trepados a un tractor jubilado, pretenden confundir y decepcionar la mejor intención de miles de conciudadanos. Perceptivos además para comprender, que pretenden la forja de un artificio regional “que ampare a los cordobeses”. Que han formado un desafinado coro que vende como un hit una estrategia de aislamiento provincial, intentando crear un fanatismo peligroso en defensa de un supuesto federalismo. Desde aquella “isla”, curiosamente mediterránea, donde todo se publicitó como progreso y eficiencia, a la actual pujanza verde que se denuncia “expoliada” por la “voracidad” del Estado Nacional. Algún médico de la derecha debería explicar a esos señores, que no deben confundir retenciones con asfixia.

Advertimos también, que la constante e irracional prédica de menoscabo de la investidura presidencial, sostenida curiosamente por pocos agraciados parlanchines que rara vez pueden ofrecer una idea sensata para resolver problemas del presente, lejos de escenificar un juego más de la política, presenta serios visos destituyentes no ya de un gobierno ni de una presidenta, sino que son constantemente proyectados a la degradación de la institucionalidad democrática. . Los descabellados argumentos de estos personajes oscilan entre anuncios apocalípticos que avizoran catástrofes inminentes y la difamación permanente de todos los sectores de nuestra sociedad que de alguna manera resisten la vuelta al pasado retrógrado, enarbolando un discurso violento y crispado reproducido a coro por los campanarios mediáticos, ante los cuales nadie pide pruebas verificables, constituyendo un verdadero terrorismo mediático-opositor. El arrebato dictatorial en la hermana Honduras nos obliga a denunciar esta estrategia y elevar nuestra voz al menos, para los argentinos que defienden la institucionalidad, en nombre y representación de los millones que la dictadura dejó sin trabajo, sin tierras, sin escuela y sin sueños.

No somos ni nos declaramos líderes. Somos cordobeses, hombres y mujeres de los más diversos géneros que transitan este presente común, que tenemos una memoria de fábricas y de usinas, peregrinos de las ondulaciones de nuestro paisaje que por momentos nos eleva a la consideración de otros, y que a veces nos encuentra sumergidos en diques profundos y amurallados. Somos trabajadores eruditos en mañas para llegar a fin de mes, estudiantes, periodistas, poetas de las más diversas profesiones, que renegamos de la política prostituida bajo el signo de lo posible.

No venimos del infierno ni vamos al cielo. Simplemente estamos acá, donde siempre estuvimos aunque nos hayan querido desaparecer. No pretendemos nuestro pensamiento infalible, pero pensamos y soñamos, y nuestro sueño, como en aquella familia de casa tan pobre y pequeña, es también soñado por otros. Esos otros que no tienen su cuerpo presente.

Sabemos que los sueños no están exentos de dilemas, pero también que no hay ninguna ley que pueda imponerles el gravamen de tributar a la simplificación mediocre de la realidad que proponen quienes amenazan tener una sota bajo la manga.

Como quien empuña un cuchillo de dos filos, somos cuidadosos, pero no cobardes. Tenemos enfrente una realidad latinoamericana que toma cuerpo. Tal vez sea el sueño de los próceres de América que recién ahora abandona el mármol en que lo confinaron, para venir a ser soñado como presente. Aquella América con mayúsculas imaginada por San Martín y Bolívar - por no citar la innumerable lista de luchadores que trabajaron por ella - aquella patria más grande que una provincia, más cobijadora que una agencia, más múltiple y diversa que una pretensión de “público privado”, está encontrando un camino, una voz. Asoma América Latina, se despierta lentamente, se reconoce a sí misma, y el hecho de que sea una experiencia inédita a nivel mundial, debe convocar nuestra mayor atención, ya que del mismo tenor son los peligros que la acechan.

Nuestro dilema no nos impide señalar, que la política regional del gobierno nacional, ha contribuido fuertemente a que esta realidad latinoamericana sea posible. Creemos acertada la decisión de abandonar el ALCA (que parecía una pastilla contra indigestión de sapos), de fortalecer UNASUR, de formar el Banco Del Sur, y de coordinar acciones con nuestros países hermanos en el plano de la defensa. Ciertamente es un logro a despecho de la prensa clarinete que fabrica ogros populistas, pero que calló durante tantos años de gobiernos neoliberales, que siguiendo recetas del FMI, cocinaron en la olla de los brujos todas las esperanzas redentoras de los pueblos americanos.

Señalamos con la fuerza de lo cotidiano las carencias del gobierno nacional, pero nuestro señalamiento no es de orden destructivo, y se ubica en las antípodas de las críticas manifestadas por quienes en las últimas elecciones del 28 de junio, parecen haber recogido el voto mayoritario de los cordobeses. Porque mientras el gobierno nacional recuperó el nivel de las jubilaciones y la movilidad de las mismas, vergonzosamente la provincia impuso su recorte. Mientras el gobierno nacional intenta políticas de recuperación de la presencia del Estado frente a la prepotencia de los sectores que gozan de la mayor renta del país, la provincia exime de impuestos a los agrosojeros. El contraste entre la increíble, por lo brutal y anacrónica, reciente represión a los obreros de Luz y Fuerza de Córdoba (seguida de tortura y cárcel a sus dirigentes), y la actitud no represiva hacia los reclamos de los movimientos sociales que el gobierno nacional instaló desde su asunción, son sin duda trazos identificatorios de la política que los impulsa. La actual crisis hídrica además, desnuda la desidia en recuperar el agua como bien comunitario bajo la órbita del Estado. Lo mismo puede decirse del ejecutivo municipal, que lejos de insinuar una política impositiva distributiva, otorga graciosamente reducciones en las tasas a los “countries” o barrios cerrados. Valoramos la creación de CRESE, que parece otorgar al saneamiento ambiental un carácter social y no mercantil, pero por otro lado el párrafo dedicado a la cultura, en las últimas gestiones municipales, lejos de ser inexistente, debemos citarlo como desastroso. Ya no alcanza la excusa de la carencia de fondos para cultura: se está aplicando una política de destrucción de la actividad cultural, que muy lejos está, en el plano conceptual y de ejecución, de lo desplegado por la nación.

También nuestro dilema, filoso como el pensamiento de un cirujano, nos muestra la carencia de una organicidad que pueda sostener y profundizar el auspicioso proceso de recomposición y valorización de la política que vive nuestro país. Creemos imprescindible que el ejecutivo nacional, que en diferentes oportunidades ha entusiasmado con la apelación a idearios de las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo, sea capaz de traducir lo simbólico a convocatorias concretas, amplias, plurales, que den lugar a la participación de muchos sectores que, aún dispersos, aún invisibilizados por los grandes medios, son y han sido el sostén de espacios de resistencia que, independientemente de su volumen, han conformado el sustrato que permitieron su representación en la escena dibujada a partir de mayo del 2003.

Junto a esto decimos que vemos también, la altura de la responsabilidad que deben asumir quienes se dicen defensores de lo nacional y popular, incluyéndonos. No alcanza ya la vieja política de supervivencia a la cual tuvo que recurrir el progresismo frente a la demoledora maquinaria ideológica del neoliberalismo. Ya no es suficiente el sigiloso método de defender pequeños espacios de presunto poder, dentro de estructuras que han sido creadas a propósito para cobijarlos y mantenerlos en segundo plano. En Córdoba particularmente, en este corazón que sentimos, la carencia de interlocutores con nivel de líderes nos obliga a extremar esfuerzos por aglutinar pensamientos y acciones que se propongan firmemente reconstruir el tejido que pueda abrigar nuevamente, sueños de equidad social, y de emancipación nacional. Un camino exitoso en este sentido, posiblemente haya emergido a la luz con la reciente aprobación y promulgación de la Ley de Servicios Audiovisuales, que comenzó embrionariamente hace más de 5 años. Aquellos 21 puntos fueron recorriendo nuestra geografía uniendo tejidos, recorriendo cicatrices de desconfianza y olvido, sirviendo de amalgama para tantas miles de voces que comenzaron a enriquecer los foros, las ideas, las estrategias. Finalmente, la flexibilidad mostrada por la presidenta, previo al debate en Diputados, también fue una señal de madurez privilegiando el objetivo común y despejando rápidamente la duda de que la política puede ser reducida a nuestro más popular juego de naipes. Va nuestro reconocimiento a los miles de participantes de la Coalición por una Radiodifusión Democrática sin cuyo esfuerzo no tendríamos esta ley transformadora.

Saludamos con franqueza la decisión política que llevó este trabajo de miles y miles de argentinos al congreso. En el proceso que llevó a su triunfo, vemos un ejemplo posible para avanzar en la demolición definitiva de las pesadas herencias de la dictadura - como la ley de entidades financieras – por un lado, y por otro sentar bases de construcción de una patria que inicialmente debe ser capaz de alimentar y educar a todos sus hijos, que debe tener la suficiente serenidad para explotar los recursos naturales que le sean necesarios sin que el interés particular destruya hoy el ambiente en que deberán vivir próximas generaciones de argentinos. Nos urge tanto el presente como el futuro, por eso reclamamos avanzar en la ley de reforma política plural y representativa, la ley de minería, y las impostergables medidas que saquen del hambre y la pobreza a nuestros hombres , mujeres y niños. En esa dirección es altamente auspiciosa la aprobación de la asignación universal por hijo decretada por la presidenta

Nuestro latido se ubica algo más allá de los censores que pretenden reducir las ideas a un tironeo entre “oficialistas” y “oposición”. Tratamos con respeto una realidad delicada y compleja, un presente al que asignamos algo de la cualidad de lo extraordinario. Demasiados años de reproducción de “más de lo mismo” nos hacen ver lo distinto como algo promisorio. No significa esto arrancarnos los ojos, es justamente lo contrario: La certidumbre neoliberal de miseria, exclusión, fragmentación social, desmantelamiento nacional, ha dado paso a esta incertidumbre actual, a esta sensación de poder abrazar y tener que inventar nuevas posibilidades para la vida comunitaria.

Pero mucho peor que lo mismo de siempre, muestran la casi totalidad de los senadores y diputados electos por Córdoba en las últimas elecciones: Votados por el pueblo fueron obedientemente a firmar el “acta compromiso” que las cámaras empresarias de Córdoba pusieron bajo sus ojos. Un compromiso hacia las corporaciones del poder económico concentrado de Córdoba de que defenderán sus intereses en el congreso. Esto en parte puede ayudar a despejar algunas dudas sobre quienes son los que hablando de dejar atrás la vieja política, no hacen más que degradar los más elementales principios del sistema de representación democrática. Traicionaron el voto aun antes de asumir. Saludamos las honrosas excepciones de aquellos representantes electos y en ejercicio legislativo que se negaron a firmar su sumisión como empleados del poder económico.

Hemos venido a publicarnos, no para un Oscar aguafiestas que piensa la política como un show desde el spa, sino para otros semejantes, de corazón abierto, de pensamiento atravesado por herencias de los más diversos colores, y que sepan o intuyan que en este presente hay una posibilidad que exige una respuesta más seria, más solidaria y más humana, que la instalación de máquinas tragamonedas.

Indagamos la realidad política no sólo para denunciar, sino también para encontrar posibles respuestas que reconstruyan la acción colectiva transformadora. La hora del comienzo creemos que ha llegado, está aquí presente, y parece reclamarnos el imprescindible esfuerzo de aglutinar lo disperso, de agregarnos al uilpala y no pretender que nuestra bandera sea la única. Entre otras banderas hermanas, están las de los pueblos originarios, con su histórica lucha por el derecho a sus tierras, a su idioma, al reconocimiento de su identidad cultural, que reclaman su inclusión en un proyecto de país para todos.

Nada vamos a dar a cambio porque nada tenemos. Nada pedimos porque la oportunidad de este viaje, no necesita más que de cada uno de nosotros. Convocamos a la esperanza en otro centenario distinto de aquél en que los gobiernos liberales quitaron por imposición de la corona, las estrofas del himno nacional que cantaban el triunfo sobre el león imperial. Aquel año diez encontró a los argentinos bajo estado de sitio, tan típico de las dictaduras. Aún con carencias, este centenario está juzgando a genocidas del pueblo.

Estamos aquí al comienzo de una nueva calle de desafíos y, como en aquella historia en la que se ofrece una silla para que el inquieto se detenga, tenemos por delante muchas encrucijadas, muchas esquinas en las cuales habrá que deliberar sobre el camino a seguir, y con quienes continuarlo, pero nos entusiasma la extraordinaria posibilidad de sumarnos desde el centro de nuestro corazón, que está en esta amada Córdoba, a un viaje posible para nuestra patria, quizás el único que merezca tan bello navío, quizás aquel que hace 200 años espera emprender, hacia la independencia.

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Comentarios

2 Mensajes del foro

  1. Esteban | 26 de enero de 2010, 06:42

    Me gusta la estética, me gusta el debate, y he llegado a este lugar a travez de otro lugar. Entiendo y comparto muchas de los pensamiento, y como dicen en la CAC/4 somos hombres y mujeres que estamos alertas pero con el corazón y la mente abierta. Como viejo militante universitario, conocedor de algunos nombre y apellidos que hoy están (todavía) en la Universidad, y esforzandome por mas de 40 años para no caer en la contradicción (camino difícil) me atrevo a decir que esta carta, confunde, abruma y desordena la estrategia de decir fuerte que lo pensamos que está mal. Salta de un tema a otro, mezcla temas, y sería muy triste mencionar el derechoso refran de Pancho Ibañez ("todo tiene que ver con todo"), siempre me hizo acordar a "y algo habrán hecho". No Carta Abierta no todo tiene que ver con todo, por lo tanto en la lucha a los más lúcidos hay que explicarle que para ganar y demostrar que los que quieren que el pueblo sea esclavo, hay que ir un paso primero y despues el otro, pero con la mente puesta, casi como una obsesión en el cambio, no en la reforma, sino en la revolución. A los marginados a los "sueños y cuartetos", se les debe enseñar lo que es vivir en dignidad, y despues enseñarles que la dignidad les da trabajo. La patria no creyo nada amigo, los que tiene el poder de la patria cren que son los dueños, y los que nos damos cuenta, porque tenemos la oportunidad de saber (estudiosos, universitarios, profesionales) debemos salir a la calle a transmitir lo que creemos la verdad. Nuestros desaparacidos en los años de la lucha pensaron eso, asi los que estaban en las distintas facultades salieron a los "lugares marginados" a dar el mejor de los alimentos: LA EDUCACION, y no es saber que dos mas dos es cuatro, porque para los poderosos es 6 para ellos y 0 para el pueblo, es saber lo que es vivir con dignidad. En conclusion, estoy de acuerdo con CAC, pero creo firmemente en la expresion libre y ordenada de las ideas (el debate) asi que me tendran siempre ahi, si me lo permiten

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  2. Oki Ciaravino | 9 de marzo de 2010, 12:57

    Muy bien trazado el camino por CAC: Celebrando todo lo bueno que se ha hecho, reclamando lo que falta y denunciando claramente los discursos funebreros del statu quo. Comprender las contradicciones de los procesos políticos y ubicarlas en un esquema de paso a paso permite tomar distancia del discurso asfixiante de los medios. A mi me pasa que nunca pensé encontrarme en un proceso político de tan alta intensidad como el que vivimos desde el 2003. A mi me toco tener 20 años durante los noventa y ver a la política recluirse en “lo posible”, ver a la academia reducirse a un observatorio de lo intrascendente y ver al conjunto de las tradiciones políticas argentinas incapaces de articular con la nueva idea del individuo sin pasado ni anclaje colectivo. Yo sentí eso, pero ahora veo las cosas de otra manera y entiendo cuando dicen que el hombre puede renunciar a todo menos a soñar. Me siento en un acto de resistencia contra un discurso poderoso que cala en las fibras más intimas de mis compatriotas: El discurso que los proclama sin sueños colectivos, individuos librados a si mismos y en compartimientos estancos. Esos discursos del mercado, que en Córdoba se articulan tan bien con la evocación del buen terrateniente y la buena sociedad, resultan prácticamente inexpugnables y muy sólidos en su sencillez aparente. Pero creo que la historia y el lenguaje de nuestro país muestran que al tiempo esos discursos se fisuran y esos conceptos pasan a cargar el significado que les da el pueblo: Así como en todo el mundo el término “liberal” significa, en forma amplia, un ideario tolerante y progresista, aquí en Argentina significa exactamente lo opuesto. Porque quienes se pusieron ese mote hace tiempo, demostraron luego el oscurantismo de sus ambiciones. Lo mismo ocurrió con el termino “desaparecido” primero un intento de des responsabilidad y velada técnica de terror y hoy el termino es un grito de lucha y de reconocimiento. Me pregunto ¿que pasara en el futuro con términos como “el campo” o “centroizquierda” después de que se comparen los dichos con los hechos. O cuando se comparen los posicionamientos políticos con las alianzas legislativas? Tal vez sobreviva lo dicho sin ser contrastado con lo hecho y tal vez sobreviva lo declamado sin que nadie recuerde el voto legislativo. De todos modos los hechos también van a quedar: las escuelas, las rutas y los puentes van a estar ahí, también van a estar las leyes que consagran derechos como la Asignación Universal por Hijo o el pleno reconocimiento al Estado para incidir sobre los mercados auto destructivos. Por mi parte me queda claro que nunca voy a dejar de soñar en ser parte de la historia junto a ustedes.

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